sábado 29 de noviembre de 2008
Besucos
domingo 23 de noviembre de 2008
Piensa en verde
donde el que quería ser diferente
no era admitido
Y todos los diferentes se vieron condenados
a vivir un exilio bajo un cielo negro

Pero inherente a su condición de diferentes
era la capacidad que les permitía
pintar con su mirada
convirtiéndolo en un mundo
que veían cada día

Y consiguieron que los espíritus que habitaban
aquel mundo diferente
que deseaban para sí

les revelaran el gran secreto para llegar a él
¿Quien dijo que los sueños son inalcanzables?
Fotos: David Doubilet
martes 18 de noviembre de 2008
La memoria del olvido

Montaigne
Siempre he imaginado el olvido como un viejo baúl arrinconado en el lugar más oscuro de nuestros desvanes particulares. Llegamos hasta él de vez en cuando, abrimos temblorosos su tapa, y arrojamos dentro, sin pararnos a mirar su interior, todo aquello que en cada momento de nuestras vidas queremos eliminar de ellas. Luego agarramos con decisión esa llave que llevamos colgada al cuello, bailando sobre nuestro corazón, y la introducimos y giramos hasta estar seguros de que todo aquel contenido jamás podrá salir a molestarnos...
Pero no contamos con que el olvido tiene memoria. Y sucede a veces que se remueve inquieto, ahogado por tanto tiempo de prisión, y pugna por salir. Y es capaz de transformarse hasta reptar convertido en una serpiente de humo y llegar a la única ranura por la que puede salir, sí, esa por la que previamente lo hemos cerrado... y consigue llegar a nosotros guiado por esa memoria que lo une a nuestra existencia.
Nos asalta sin contemplación alguna, sin darnos tiempo a reaccionar, seguros como estábamos de tenerlo a buen recaudo. Y cuanto más intentamos arrancárnoslo para llevarlo de nuevo a su lugar, más se nos enrosca hasta casi impedirnos respirar.
Es por ello que hoy he subido al desván, me he quitado la llave del cuello, he abierto el baúl y he contemplado su interior. He dejado que salga todo, que se aireen esos recuerdos que querían ser olvidados... y me he dado cuenta que todos y cada uno de ellos forman parte de mi vida. De una vida que mejor o peor es la mía. Y que de nada sirve intentar negarlos. Y he dejado que bailen, libres, a mi alrededor, hasta darme cuenta de que ya no son lo que eran. Que el poder se lo estaba otorgando yo al querer exorcizarlos de aquella manera, y que aunque nunca se vayan, ya no me hacen daño.
lunes 10 de noviembre de 2008
Espérame... ¿en el cielo?
- Espera un poco, mujer, que estoy escuchando a nuestra nieta...
- ¿A quien? y no me grites, que ya no estoy sorda... ya sabes que aquí se nos pasan todos los males.
- A la Maripuri. Menuda elementa que está hecha, ven... ven y pega la oreja. Está hablando con su amiga la pelandrusca esa de Mimí.
- Nena, no sólo lo bueno que está, ¡¡¡es que me hace unas cosaaaasss!!!
.........................
- Ssshhh, calla, Eustaquio, a ver si te va a oir...
- Sí, mujer, desde el otro lado me va a oir. ¡Uys, espera a ver lo que está diciendo ahora!
- ¿Ves? cuando te digo yo que nos va a acabar viendo... oye Eustaquio, deja de escuchar a la niña, a ver si te va a volver a dar un jamacuco, que morirte dos veces no puedes, anda...
- ¡Ains! si es que hoy día la mujer ya no es lo que era: recatada, pudorosa... ¿tú te acuerdas lo que me costó a mí tocarte una teta? un año y medio, que me acuerdo perfectamente, y te faltó tiempo para ir a contárselo al cura... grrr
-Ya, bueno, eran otros tiempos. Ahora en cambio bien disponibles que las tienes y me las tocas cada cinco años.
- Son otros tiempos, querida. La líbido ya sabes que aquí en el cielo se me esfumó, tanto estar rodeado de angelitos y santos... oye, me voy a comer que está San Portalón cerrando las puertas, vamos, date prisa.
- Si, ahora mismito voy, vete tú delante, que te alcanzo... tengo una urgencia.
martes 4 de noviembre de 2008
Tic-tac

Se había bebido la botella de vodka casi hasta la mitad. Reclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, pero todo le daba vueltas y tuvo que abrirlos de nuevo. Miró el reloj de péndulo junto a la pared, marcando los minutos inexorablemente. Se acercaba la hora. La cita era ineludible, ese pensamiento le martilleaba una y otra vez la cabeza. Se ajustó el nudo de la corbata, buscó su chaqueta de impecable corte, que encontró tirada junto a la chimenea, y se miró en el espejo que presidía el salón. Tan sólo pudo ver su sombra, una sombra espectral con una mueca por sonrisa. Reprimió un escalofrío y encaminó sus pasos hacia la pequeña puerta que conducía al desván.
Ella estaba en una esquina, semioculta en la oscuridad. Él avanzó con pasos que querían ser seguros, aunque no pudo evitar un traspiés, puede que producto del alcohol ingerido. Ella rió suavemente. Él se recompuso y se sentó frente a ella.
- Te dije que vendría a buscarte.
- Te esperaba.
- ¿Preparado?
- No sé... ¿quien lo está? Dímelo tú.
- Otros no son avisados...
- No sé que será peor. Casi preferiría la sorpresa, un segundo de terror y se acabó.
- No es tan fácil, querido, no es tan fácil. En fin, vámonos pues.
- ¡Espera! ¿no podrías darme otra prórroga?
- ¡Ja! ya te dí una, y te aseguro que no suelo ser tan condescendiente... dime por qué habría de darte otra.
- ¿Porque yo lo valgo? vale, vale, perdona... no te enfades. Pero siempre has obtenido algo a cambio. Ahora también te lo daré, lo que sea.
- ¿Lo que sea?
- Sí, vamos, dime que es lo que quieres.
Ella sacó 4 bolas de papel de debajo de su abrigo negro. Las dispuso en un semicírculo delante de él y se lo quedó mirando fijamente.
- Cada una representa a las cuatro mujeres más importantes de tu vida. Cada bola tiene el nombre escrito de cada una en su interior. Escoge una. La que escojas es la que me llevaré en tu lugar. Las otras tres se salvarán. Así que medítalo cuidadosamente.
Él se tapó la cara con sus manos, acercando los pulgares a sus orejas, para intentar escuchar en medio del silencio que se hizo. Intentó concentrarse, pero oleadas de vodka irrumpían una y otra vez en sus pensamientos, impidiéndole pensar. Invisibles granos de arena iban deslizándose al otro lado de un escondido reloj de arena, queriendo apresurarle en su decisión. Imágenes de mujeres varias danzaban sonriendo a su alrededor. Todas le parecieron importantes. Intentó contarlas pero se detuvo confuso. No estaba seguro de a quien había contado y a quien no. Intuyó un gesto de impaciencia en Ella. Total, qué más daba contarlas que no. Tenía que elegir una bola, sin saber el nombre escrito en ella...
- Querido, no tengo toda la noche. He de seguir mi camino.
Posó su mano en la bola segunda. Pero se detuvo. Sintió como si le quemara. Su hija... esa era su hija, estaba seguro. Entonces la posó en la cuarta. Y notó como si un invisible hilo tirara de su mano hacia la primera. Dudó... en un impulso agarró la tercera y se la tiró rápido a Ella.
- Esa. Ya está. Ahora dime quien es.
- Dímelo tú mismo, ábrela tú - y la arrojó. La bola cayó entre sus piernas.
La cogió con decisión y comenzó a desplegarla. Cuanto antes terminara con aquello mejor. Leyó el nombre y alzó la vista hacia Ella.
- No conozco a nadie con este nombre... no lo recuerdo al menos. ¿quien es?
- Tienes razón: no la conoces, aún... y no la conocerás, evidentemente. Mañana precisamente era el día señalado para que entrara en tu vida. Ella iba a ser la persona que te iba a sacar de todo esto, de tu podredumbre, de tu miseria, de tu mezquindad. La única capaz de hacerte cambiar, aunque los humanos pensaís que tal cosa no es posible... pero sí lo es, gracias a esa fuerza que preside vuestras relaciones y que de tal forma os subyuga. Ella iba a ser el amor de tu vida, una vida nueva y... larga. Una pena. Cualquiera de las otras tres hubiera sido una buena elección.
- ¿Quienes eran las otras tres?
- Tu hija, tu hermana y tu madre. Hasta ahora no has amado a otras.
- ¿Y por qué dices entonces que cualquiera de ellas habría sido una buena elección? Son lo que conozco. Ellas me aman, tal como soy. A la otra al fin y al cabo no la conozco. Mejor así.
- Verás... hay un pequeño detalle que no sabes. Mientras te decidías ocurrió algo imprevisto. No siempre todo está decidido de antemano. No siempre sé a quien tengo que llevarme y cuando. Ellas tres, preocupadas por tu tardanza pues habías quedado en ir a cenar, montaron en el mismo coche para venir a buscarte, y en el camino... lo siento, un fatal accidente.
Estas últimas palabras las escuchó mientras se sentía desvanecer. Cuando abrió los ojos de nuevo un rayo de sol penetraba a través de una ventana enrejada. Miró a su alrededor, desconocía aquella habitación. Intentó moverse pero sus extremidades estaban atadas por correas a la cama. No recordaba nada. La única puerta se abrió y apareció una joven enfermera de encantadora sonrisa.
- ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?
Ella se limitó a sonreir y se dispuso a tomarle la presión arterial. Sobre su pecho prendida una tarjeta plastificada con su nombre: Berenice... ¿de qué le sonaba aquel nombre? ¿y qué hacía allí? ¿se había vuelto loco? ¿acaso estaba muriendo? Entonces pudo escuchar una carcajada que se filtró a través de aquellas paredes blancas, y lo entendió todo. Y supo que la vida que le quedaba era una burla, una jodida burla.
miércoles 29 de octubre de 2008
Aviso a navegantes

Yo observaba sus pasos bastante aburrida, todo hay que decirlo, pues el protocolo me impedía levantarme a bailar hasta después del minuet rococó. Así que lo único que me permitía a mí misma mover eran mis pies, que asomaban levemente por debajo del abultado vestido, y mi boca, que se abría contra mi voluntad de tanto en tanto en amplios bostezos. Sé reina para esto, grr...

De pronto paró la música. A través de las máscaras ví como mis cortesanos se miraban entre ellos para luego volver la vista hacia mí... hasta pude escuchar alguna risita sofocada. Los caballeros se apartaron a los laterales, formando una especie de pasillo, y todas las damas hicieron una larga fila. Yo me moví inquieta en mi trono. Aquello no me gustaba nada.
- Soy tú.
-¿Cómo que yo? -conseguí apenas balbucir-no entiendo lo que me dices, esto es muy extraño.
- ¿Múltiples personalidades? -estaba realmente desconcertada... en ese momento todas sonrieron tras sus máscaras, y acto seguido se despojaron de ellas. Para mi asombro todas eran yo. La que llevaba la voz cantante comenzó a explicarme:
- Verás. Estamos todas dentro de ti. A muchas ni siquiera las conoces aún. Pero irán surgiendo a medida de que pase el tiempo, a medida que tu vida vaya avanzando. Puede que muchas se queden ahí, dentro tuyo, pero al resto, irás sacándolas como hiciste con nosotras -y señaló un pequeño grupo que estaba detrás de ella.
- Nos sacaste, nos pusiste un nombre, hasta un físico que nos diferenciara de ti y de las demás. Pero nuestra personalidad es básicamente la tuya. Sólo que en cada una de nosotras has acentuado ciertos aspectos, aspectos que son tuyos, pero que al enfatizarlos nos han convertido en únicas. Luego nos insuflaste de vida, y poco a poco, con el correr del tiempo, has dejado que elementos externos nos fueran configurando, hasta llegar al punto de concedernos cierta libertad. - Mmm... la respuesta la sabes. La existencia de todas nosotras sólo la conoces tú. Hay quien sabe de alguna de nosotras, muy pocos en realidad.
- Ya. Puede... ese día organizaré un baile, como el de hoy, y sereís presentadas en sociedad. Al menos vosotras, las que ya andaís pululando por ahí. Hasta entonces, manteneros en vuestros puestos, sin levantar sospechas.

Gracias a
(vayan a leerlo, no se lo pierdan)
que sin quererlo me inspiró este "sueño" ;),
yo de las personalidades que se convierten en
personajes, pero no de novela... :P
Fotos: Eugenio Recuenco
jueves 23 de octubre de 2008
Ocho tiempos para una cita

Estoy un poco nerviosa. Subo las medias con cuidado, asegurándome de que el camino que marcan por detrás no haga curvas, no quiero que te distraigas... sonrío pensándolo. Ajusto las ligas con un clic. Una sonrisa traviesa, esa que te pone tanto. Sabes que me sale sola, que no es un gesto fingido ni nada ensayado. Estiro mis pestañas con el rimmel y repaso mis labios carnosos con una barra de las que duran, aunque no sé si resistirá tu lengua insistente. Agacho la cabeza y revuelvo con mis dedos los caracoles desordenados que se enredarán en tu boca. Un muy ligero toque de perfume, me calzo los zapatos rojos, una furtiva mirada al espejo, y una sonrisa. Estoy estupenda. Agarro el bolso y me voy.



Me despierto en mitad de la noche en un lado de la cama. Tu cuerpo no está junto al mío. Me vuelvo y te intuyo buscándome. Nos abrazamos y te duermes. Yo no puedo. Necesito escribir todo lo que se me está pasando por la cabeza. Me muevo inquieta.
Cuarto tiempo:

Supongo que ya habrá abierto los ojos. Le habrá sorprendido que no esté en la cama. Me habrá llamado bajito, por ese nombre que me puso que no es el mío (el que nunca ha pronunciado). Extrañado se habrá levantado a ver si estoy en el baño. Volverá a la cama y entonces lo verá. Leerá todas las palabras que escribí sobre las sábanas, sobre la almohada, incluso en las cortinas. Esta vez las palabras se las llevará el agua. O puede que no... me pregunto cuantas lavadoras harán falta. Le puse indicaciones para que no se perdiera: empieza por la almohada, luego las sábanas y después las cortinas. Es igual, pero a él le gusta seguir un órden.
Sigo paseando bajo la lluvia...
Quinto tiempo:

Estoy empapada. Y me siento libre. Sé que es tan sólo una sensación pasajera, pero me limito a disfrutar de ella. No sé hacia donde camino, llevo horas caminando sin parar. Sólo quiero alejarme. No me gustan las despedidas. No quiero empezar de cero, pero sí ser yo misma. ¿O debo empezar de cero? no sé... No quiero agarrarme a un clavo ardiendo. "Un clavo quita a otro clavo, un clavo quita a otro clavo, un clavo quita a otro clavo" no, gracias. Creo que huyo de eso. Ese soniquete ha acompañado cada paso, cada gota, cada charco. Hasta que he dejado de escucharlo. El sol asoma tímidamente por detrás de una nube. Por fin.
Sexto tiempo:

Tengo ocho mensajes suyos en el móvil, ocho mensajes que no me dicen nada. Le envío uno: "escribe para mí". Apago el móvil. Quiero que se desespere. Quiero que me eche de menos porque no me tiene. Quiero que su corazón se desgarre y sea su alma quien hable. Quiero verdades aunque hieran. Quiero que sea capaz de ver todo lo que soy, incluso lo que aún no sé que soy. Quiero ser su único amor. Detengo mis pasos... ¿realmente quiero todo eso? No. Vuelvo a quitarme una careta. Soy maravillosa, pero no necesito verlo en los ojos de nadie, en sus actos, en sus palabras. Me lo creo. Sí, me lo creo.
Séptimo tiempo:
Lo que sí sé es lo que no quiero. Por primera vez en mi vida lo sé.

No quiero echarte de menos, como ya lo hago, ni añorar tu cuerpo junto al mío. No quiero estar pendiente de si vienes o no, no quiero comerme la cabeza pensando que hoy me has sonreido menos, o que te puedo agobiar con mis problemas... No quiero sentir tu distancia, esa distancia insalvable que a veces estableces sin darte cuenta. Esa distancia me consume, porque no fue acordada, porque es unilateral. Esa distancia me produce frío, mucho frio. También me angustia. No quiero que lo que antes era algo especial, lo que antes era novedad, lo que antes nos empujaba hacia los brazos del otro, ahora se convierta en una rutina fastidiosa de cumplir. No quiero que se desvanezca la magia, no quiero salvarme de la quema. No quiero quitarme a cada segundo de la mente la imposibilidad de un futuro juntos, ni siquiera quiero pensar en futuros. No quiero seguir dando siempre esa imagen de mujer liberal y fuerte, cuando sólo lo soy a ratos, porque sería mentirte. Y nunca había sido tan sincera con nadie. No quiero querer escaparme a cada segundo para llegar hasta ti, porque no puedo, y sufro por ello..., no quiero vivir la que dicen lógica evolución de una relación, con el enfriamiento que ello conlleva; no quiero tener miedo de que te canses de mí, o de yo cansarme de ti... no quiero dejar de verme en tus ojos, no quiero sufrir. No quiero necesitarte. No quiero miedos que me dobleguen.

*
Para mi estupenda N.I., para que nunca deje de sonreir, porque tiene muchas razones para hacerlo. Y como dijo alguien: "No te sientas culpable si no sabes bien que quieres de la vida. Las personas más interesantes que he conocido no sabían que hacer con su vida cuando tenían 22 años. Es más, algunas de las personas más interesantes que conozco, tampoco lo sabían a los 40 años". Un besuco.
domingo 19 de octubre de 2008
La cita
- Perdone, señor conductor, no se habrá subido en alguna parada una espléndida señorita con zapatos rojos?
- Perdone usted, pero no suelo fijarme en el calzado de mis pasajeros.
- Vaya... pero sí que se fijará usted en las señoritas estupendas.
- Hombre, eso no se lo voy a negar. Hoy precisamente han subido unas cuantas. Espere un segundito que quito el volumen.
- No me molesta la música.
- No, si me refiero a la radio. Mi señora está al otro lado escuchando para tenerme controlado en todo momento. Dice que por si ligo.
- Le acompaño en el sentimiento.
- No, que va. Si ya estoy acostumbrado, son muchos años, oiga. Además, como le digo yo, a ver, hija, si ligo en el bus puedo hacer dos cosas: parar el autobús, desalojar a mis pasajeros y tirarme a la susodicha mientras llegan los guardias, corriendo el grave riesgo de no solo que me detengan, o en su defecto, endilguen una hermosa multa, sino de que mi mujer aparezca al cabo de unos minutos con el rodillo en la mano... y gasta una mala leche, que no vea...
- ¿Y la segunda?
- Pues quedar con la estupenda después de trabajar, cosa harto imposible ya que mi señora viene a buscarme todos los días a la estación de autobuses, no sea que un día me de por huir.
- Desde luego, que mierda de vida la suya.
- Ya le digo. Oiga, y dígame... ¿por qué me preguntaba lo de la señorita de los tacones rojos?
- Verá, es que tengo una cita con ella, nuestro primer encuentro físico. Ella quedó en ponerse zapatos rojos de tacón y yo en echarme gomina.
- Pero si es usted completamente calvo.
- Bueno, pelillos a la mar... y la gomina me la he echado, ¿no ve como brilla mi cabeza?
- Sí, ya veo, menudo lustre. De todos modos, ya le vale a usted. Mire que quedar en un autobús...
- Oiga, fue la señorita la que se empeñó, y yo, como soy un caballero, pues por darle gusto...
- Ya veo. Pues como le decía, han subido varias en lo que va de mañana... y ahora que lo dice, una era espectacular.
- Esa, esa... seguro que es esa. ¿Y hace mucho que se bajó?
- Pues precisamente en la parada en la que usted subió.
- Grr... si es que así no hay manera. La culpa la tiene mi eterno despiste. Seguramente habíamos quedado paradas antes, y claro, ella se aburriría de esperarme.
- Es que ya le vale a usted. Pero bueno, ya encontrará otra.
- Como esta no, eso es lo malo. En algún sitio leí que sólo una vez en la vida se tiene esta clase de certezas. Oiga, ¿y no podría usted dar la vuelta y acercarme hasta la parada en cuestión? Quizás me esté esperando allí.
- Pues no, señor mío. Yo tengo una ruta que cumplir, y no puedo desviarme de mi trayecto porque...
- ¡Ambrosioooo!!!
- Perdone, es mi señora. Dime nenita.
- Ahora mismo das la vuelta y dejas al señor en la parada que te pide.
- Pero, pero nena, que me juego el puesto...
- Tu verás, el puesto o yo.
- Tú, nenita, tú, indudablemente... corto y cierro, para allá voy...
- No, no cierres, que voy a estar al tanto.
- Muchas gracias, señora nenita, encantado de conocerla.
- Igualmente señor desconocido. Que tenga usted suerte con su señorita de zapatos rojos.
- Hala, ya llegamos. ¿la ve usted?
- Pues en la parada no está.
- Claro, es que usted vaya un informal...
- Oiga, por allí a lo lejos va. Abra las puertas que me voy corriendo.
- Vale, vale... por cierto, ¿y como se llama ella?
- Oportunidad, se llama Oportunidad... hasta luegoooo...
- ¡Pues corra, no se le vaya a escapar de nuevo!
Acepta los riesgos, toda la vida no es sino una oportunidad.
El hombre que llega más lejos es, generalmente,
el que quiere y se atreve a serlo.
(Dale Carnegie)
domingo 12 de octubre de 2008
Dar
- ¿Me lo das? -preguntó él mientras extendía su mano.
- ¿No me pides nada a cambio? - inquirió él curioso.
- No... nada.
- ¿Vamos?
miércoles 8 de octubre de 2008
Obsesión
*

- Señora, tras los innumerables indicios presentados, y tras la presentación de esta prueba irrefutable, impregnada del adn tanto de la víctima como suyo, el arma del delito, con la que usted lo estranguló, no me queda otra opción que declararla... CULPABLE. Será enviada a la prisión de alta seguridad Nidiosmesacadeaquí donde será ejecutada en un plazo máximo de un mes. Llévensela.
- Nooooo!!! Por favor, señor Juez, recapacite sobre su veredicto. Soy una buena mujer, pero él me perseguía a cada momento, lo veía en todos los lugares imaginables... Me sometió a un duro acoso, del que sólo ví una salida, aquel día fatídicio, cuando coincidí de nuevo con él en el ascensor...- Uf, cariño... tenías que haberle visto. Ese botones me da miedo: su cara habitual de asquito tornó en una expresión de absoluto odio en cuestión de segundos. Tengo miedo, un miedo atroz... mira, voy a arreglar esto de una vez por todas: voy a ir a buscarle y tendré una charla con él.
- Nena, te veo muy alterada...
- No, tranquilo. Me visto de un momento, y voy. Alcánzame la gargantilla dorada... sí, ESA. Hala, enseguidita vuelvo.
Fotografías juicio: Eugenio Recuenco
Ilustración Botones: Jared Joslin
viernes 3 de octubre de 2008
La tejedora
Mis lágrimas... secas.
Mis esperanzas... perdidas.
Mi alma... bajo siete llaves.
Mi futuro... inexistente.
Mis alas... rotas.
Mi orgullo... dominado.
Comprobó que aún sabía como hacerlo, y esbozó una sonrisa, que se deslizó silenciosa sobre el tejido. Siguió tejiendo, mientras las hojas caían a su alrededor, mecidas por el aire travieso que soplaba entre las ramas, un aire limpio que se quedó atrapado entre los dúctiles nudos formados. Y recordó caricias, encerradas aún en sus poros, y estos se abrieron y ellas desfilaron obedientes y se derramaron sutilmente por cada lazo que se formaba. Sus oídos se desplegaron para dejar caer las dulces palabras susurradas en aquel idioma que llaman del amor, y de sus cabellos el ténue aroma de la flor olvidada... aquella que nunca arrancó. Con un leve aleteo sus pestañas columpiaron todos y cada uno de los besos regalados, que penetraron atrevidos el entramado.
Se terminó el hilo y admiró su obra. Ya nada era como antes. Se probó su nueva piel y bailó bajo el árbol... dicen los últimos que la vieron. Aunque hay quien asegura, ay de las malas lenguas, que voló.
sábado 27 de septiembre de 2008
Misterio resuelto
Puerquita parió. Bueno, primero debería contaros que la llevamos a donde un señor que tiene un jabalí macho para que diera rienda suelta a su lujuria o en su defecto necesidad de procrear, como así fué. La idea era criar jabalíes para luego venderlos.
Foto: de Carlota
Hecha esta introducción, cuál fué nuestra sorpresa cuando advertimos que los cinco retoños que parió Puerquita eran... negros!!!! Negros como el tizón. Tal hecho no nos pareció lógico hasta que recordamos a Etó. Etó era un cerdo vietnamita que tuvimos unos meses con Puerquita. Era de unos amigos que no podían tenerle en casa temporalmente, y nos le quedamos mientras tanto... Etó, por si no habeís caído era negro, grrr. Abultaba la mitad que Puerquita, por lo que nunca hubiéramos imaginado que se entregaran a juegos amorosos, pero ya se sabe que en la cama no importan las alturas, ni las razas, ni incluso pertenecer a diferente especie, por lo que se ve.
En la siguiente foto, podeís ver como deberían haber sido los cinco hijos de Puerquita. Ese es Puerquito. 
Foto: de Circe o Kiri
Así que ahora tenemos cinco preciosos y espabiladísimos (desde el primer día) bichos mitad cerdo vietnamita mitad jabalíes. Dudo de que se puedan vender, y claro... ya me estoy viendo cuando se escapen los cinco a la vez, y yo detrás de la piara , o delante, según se tercie, con mis botas (que no son mías) del 42 y mi melena verde al viento.
He intentado que Etó asuma su responsabilidad y al menos pase una pensión para Puerquita y sus retoños, pero por mucho que intenté hacerme entender, no hubo manera: hablamos idiomas totalmente diferentes, aunque no lo parezca. Y es que hoy en día hasta los cerdos vietnamitas tienen mucho morro. En fin, os dejo que tengo una cita con unos libros que compré el otro día... de cocina.
domingo 21 de septiembre de 2008
El avión
Se subió al taxi y ordenó al chófer su destino... "su destino" esbozó una amarga sonrisa. Se aflojó el maldito nudo de la corbata, que le ahogaba... o quizás fuera su vida lo que le ahogaba hasta casi impedirle respirar. Abrió la ventanilla con un gesto mecánico, necesitaba aire urgentemente. Asomó su cara, y dejó que el aire fresco de la mañana le acariciara. Cerró los ojos y sintió las manos de ella recorriendo sus pómulos, su frente, su nariz, sus labios, su barbilla. Sonrió evocándola, pero una presión a la altura de su pecho le indicó que no era lo más apropiado.
No... ella no era parte de su destino. Así lo había decidido hacía una hora, cuando se levantó de su lado, y cerró la puerta para no volver nunca más. No era justo, pero así es la vida, se dijo apesadumbrado. De nuevo se le encogió el corazón pensando en lo que le esperaba. Su boca, atrevida, quiso abrirse para pedir al taxista que parara, pero su cerebro se lo impidió. "Su cerebro"... el gran regente de su vida, de esa vida que no le gustaba, porque no le hacía feliz.
Inmerso en sus pensamientos, miraba distraído por la ventanilla, cuando pararon en un semáforo en rojo. Su mirada reparó en un anciano desaliñado sentado en el borde de la acera. El anciano había confeccionado un montón de aviones de papel, que tenía entre sus piernas, cubiertas por unos pantalones sucios y remendados, y concentrado escribía palabras en ellos. El anciano alzó los ojos, y se encontró con los de él. Los dos permanecieron unos segundos absortos en el otro, y súbitamente el anciano rebuscó entre sus aviones, escogió uno, echó su aliento hacia la punta del mismo, y lo lanzó con fuerza... el avión entró por la ventanilla del taxi, justo cuando arrancaba.
El hombre, con manos temblorosas, cogió el avión, que yacía en el suelo del vehículo, abrió con delicadeza los pliegues que lo doblaban, y leyó. Su corazón palpitó con más fuerza de lo habitual, y luchó con su cerebro. Se incorporó en su asiento y mandó dar la vuelta al taxista. Una sonrisa afloró a sus labios, mientras volvía a leer el mensaje, y cerraba la ventanilla: ya no necesitaba más aire. Su corazón sonrió, por primera vez en mucho tiempo (pinchad el link)
jueves 18 de septiembre de 2008
:P
Personajes, por si alguien no se entera, que no sería de extrañar,
- Piiiiiiiiiiiiiiiii!!!!
- Coño, que cortennnnn!!!
- Piiiiiiiiiiiiiiii!!!!!
- El tren! que pare el maquinistaaaa!!!!
- Que no funcionan los frenooooossss!!!
- Grrr, no si ya sabía yo que esto de trabajar en pelis de bajo pres... que me pillaaaa!!!
30 segundos después
- ¿Dónde se han ido todos? ¿dónde estoy?
- Estás en el cielo de los tontos.
- ¿Eins?
- Pues sí, hija. Aquí venimos a parar todos los que morimos de forma gilipollas. Unos más que otros, en mayor o menor medida...
- O sea que voy a estar rodeada para toda la eternidad de idiotas?
- Hombre, no. El que hayas muerto de forma tonta no quiere decir que lo seas. Aunque muchas veces coinciden ambas cosas.
- Ya veo, menudo panorama. ¿Y como puedo salir de aquí?
- La primera opción es residir aquí durante 5 cielitontos.
- ¿Cuánto tiempo es eso? Desembucha, angel de pacotilla.
- Si te refieres a tiempo terrestre, serán unos... 500 años.
- Y una porra! Dime la segunda opción.
- Hacer que quien escribió tu final lo reescriba.
- Grrr... espera a que pille a la Carlota esa: vamos que si va a reescribir...
- Bueno, aprovecha para meterte ahora en su pantalla, la veo tecleando.
5 segundos después
- ¿qué, te parecerá bonito, no?
- Me parto...
- ¿te partes?
- Hija, perdona, pero con esa foto que final querías que te pusiera? Ya sabes que no tengo mucha imaginación...
- Grrr, cabía la posibilidad de que me salvaras... o al menos, morir de otra forma, algo así más trágico, o romántico, hubiera ido al cielo de los normales, no a ese cielo de tontos!!
- Bueno, mañana reescribo tu historia, ¿vale?
Dos días después...
(Ella mirando a cámara, atada de nuevo a las vías del tren, recita...)
"No me mireís con esas caras de reproche. Ni se os ocurra juzgarme. ¿Acaso estaís viviendo mi vida? No soís más que parte de mi sueño. Mejor dicho: parte de mi pesadilla. Y simplemente, quiero despertar. No sufrireís, porque al desaparecer yo desaparecereís vosotros. O eso creo. Para mí desaparecereís. Quizás formeís parte del sueño de otro, o de vuestros propios sueños, y sigaís vivos. O lo que se entiende por estar vivos. Porque no creo que esto sea vida. Porque quiero ver un mundo mejor, y así..."
- ¿Y por qué no haces para que este lo sea?
- Ja!-volviéndose hacia el director- pero y este tío quien es?
- Soy tu angel de la guarda...
- En una nave espacial???
- CORTEEEENNNN!!! Pero qué coño pinta aquí un extraterrestre hablando desde una nave, de la que ni siquiera es capaz de bajarse, y que encima está invadiendo toda la vía del tren.
- Ha sido la Carlota.
- Serás chivata! Encima que lo hago para que no palmases. Papá, quítate las alitas, hala, que nos vamos.
- Menos mal, hija, porque entre el calor que dan estas plumas y el paquete de guión que has escrito...
- Eso, menudo paquete! Que además con tanto monólogo ya estaba el tren a punto de pasar por encima de mi hermosa cabeza de nuevo.
- Píiiiiiii!!!!!
- Cuid... grrr !! Desde luego hija, mira que eres bicho...
- ¿No quería otro final? pues ya lo tiene. Ahora la he mandado directa al infierno.
- Y además gastas una mala leche...
lunes 15 de septiembre de 2008
Mirad a vuestro alrededor...
Mis excusas si me olvidé de alguno que quizás me dejó su fecha en el comentario, y por no apuntarlo en el momento, quedó en el olvido. El primer cumpleaños que celebré fué el de mi querida amiga Kiri, en octubre del 2007, y los de hoy creo que sean los últimos que celebre, los de los blogueros que cumplen este mes, pues en octubre empezaría un nuevo ciclo, que no me apetece reanudar. No hay otra razón que simplemente haber cumplido una etapa.
Todos los felicitados creo que han entendido mi cariño hacia ellos, y no hace falta que se lo repita cada año, bien dedicándoles un post, bien haciendo fiestecilla. Creo que sólo hay dos excepciones, de Diciembre, además, que tendrán su post cumpleañero, pues sus deseos son órdenes para mí. Pero por lo demás, sólo deciros de nuevo que me encantan los cumpleaños, pero que hasta aquí llegué :).
Dicho esto, mis felicitaciones efusivas para: (y por supuesto os los recomiendo encarecidamente)
*
Ha sido un placer conocer a gente que escribe como vosotros, pero lo que es mejor, a personas así de estupendas, todos y cada uno de ellos. Mi regalo... ese día que aparece en el slide, ese día lleno de pequeñas cosas y colores. Intentad relajaros, dejar la mente en blanco, y llenaros con esa música maravillosa (gracias, Ñoco, amigo) y soñad... seguro que disponeís de unos minutos al día.
Por último, mis disculpas por no haberme pasado por vuestros blogs en estos últimos días, pues estuve con mi niña de hospital. Ya está todo bien :). Grr... y el reader echando humo, uff...
miércoles 10 de septiembre de 2008
El tendal de la casa azul
Jamás cruzaron una palabra. Pero ya antes de verla a ella, le llamó la atención su tendal. Se notaba que le gustaba tender, la ropa colgaba de una manera diferente, con gracia, esponjosa y mullida, orgullosa de saberse especial para ella, acariciada con delicadeza por sus manos.
La iba disponiendo con esmero, por colores que debían armonizar de forma sucesiva. Además, una curiosa manía: las pinzas que sujetaban la ropa debían ir en pares del mismo color, y combinar con cada prenda: la amarillas con las prendas rosas, las azules con las prendas verdes, las rojas con las naranjas... una particular manera de armonizarlas. Todo esto tuvo tiempo de observarlo, antes de verla por primera vez tendiendo la ropa.
No era especialmente bella, puede que incluso si la hubiera encontrado por la calle, o en el mercado, ni siquiera habría reparado en ella. Pero verla tender la ropa le pareció un acto tan íntimo, tan pleno de erotismo que no tuvo más remedio que espiarla tras los visillos, avergonzado de dicha contemplación. Era como si a cada una de las prendas que colgaba le regalara un trocito de su alma, para luego dejarla allí, expuesta a la vista de los transeuntes, que distraidos paseaban por la calle, ignorantes de aquel suceso que se repetía cada día. Porque cada uno de ellos paseaba inmerso en sus reflexiones, en sus propias vidas, sin tiempo ni ganas de pararse a ver lo realmente importante.
Pero él sí. Él era diferente y supo verlo. A veces el aroma de aquella ropa limpia, un olor a campo, se subía a lomos de la brisa que movía traviesa las hojas de las acacias del paseo al amanecer, y se colaba por la rendija que siempre dejaba su ventana semiabierta. Entonces se levantaba de la cama, o de la mesa en la que desayunaba y corría a mirar si aún ella estaba con su rito matinal. Otras veces llegaba tarde, y el día entonces transcurría gris e insoportablemente lento.
En cambio el día en que conseguía verla, ese día le parecía que todo brillaba con una luz diferente, el mundo sonreía a su alrededor. O quizás era él quien sonreía al mundo, indiferente a que hubiera una respuesta.
Una de aquellas mañanas que le avisó de su presencia, vió como ella se acercaba una de las prendas a su rostro y aspiraba su fragancia con voluptuosidad, o puede que fuera al revés, y simplemente depositaba la propia en esa pieza que iba a tender. Sin advertirlo se encontró en el balcón, sin la protección de los visillos, y por primera vez se cruzaron sus miradas. No fueron necesarias las palabras para decírselo todo en unos segundos que le parecieron eternos.
Luego ella desapareció tras su ventana. Él siguió inmóvil, en el balcón, leyendo aquel tendal que a partir de ese día le enviaba un mensaje diferente. Porque ella ya sólo tendía para él, con un lenguaje oculto entre los pliegues de todas aquellas prendas, un código secreto que sólo él entendería y sólo a él llegaría. La distancia no se acortaría, porque no había distancia. Tan sólo transeuntes que paseaban distraídos, ignorantes de aquel amor que pendía sobre sus cabezas.
Las vidas de ambos protagonistas discurrieron paralelas, en apariencia, aunque sus ventanas nunca se cerraron, pues cada día emprendían un vuelo diferente, lejos de todo y todos, un vuelo a un mundo creado por ellos mismos... y el tendal continuó cada día, bajo el sol o bajo la lluvia, susurrando aquellas palabras nunca pronunciadas al viento.
*
domingo 7 de septiembre de 2008
Habas extraterrestres
*
El caso es que me subí al desván, y allí encontré una caja con cartas antiguas de mi abuela, su madre. Entre todas, una dirigida a una íntima amiga, y que nunca llegó a enviar. Os la transcribo:
Querida LH30:
Creo que estoy pasando por una crisis de identidad y de pareja. Llevo años esforzándome por cumplir a rajatabla con las normas de la Gestión Femenina, pero no sé, algo falla, pienso yo. Verás:
Como ama de casa soy estupenda. No sólo me limito a limpiar por la mañana y por la tarde a última hora, sino que también lo hago al mediodía y de madrugada. No quiero que una pelusilla insignificante pueda hacer que el ceño de mi señor esposo se frunza, oh, no, no, no, no... por supuesto, cocino a las mil maravillas una comida sana y nutritiva, faltaría más.
Cuando se acerca la hora en que llega él, doy de cenar a los niños, les baño y acuesto para que cuando llegue la casa sea un remanso de paz. Me coloco una preciosa cinta en mi pelo y acudo rauda a abrirle la puerta. Él se sienta en su butaca y me arrodillo para quitarle sus zapatos con la boca, porque las manos las necesito para otros menesteres... no pienses mal: por ejemplo atizar el fuego que tengo justo a mi espalda y que media hora antes he preparado para que él esté bien calentito.
Entonces le masajeo las sienes mientras él supongo que medita sobre todos sus problemas laborales, pobrecito mío. A una seña suya, corro a la cocina y cual Carmen Miranda le traigo una bandejita sobre mi cabeza con su suculenta cena. Procuro ponerme a cuatro patas para que apoye la bandeja sobre mi poco cansada espalda, mientras él cena relajado, por fin libre de preocupaciones.
Por supuesto no oso dirigirle la palabra... espero paciente y sumisa a que él se digne a hacerlo... aunque suele quedarse roque, momento que aprovecho para hacer la última limpieza del día, a no ser que él con un gesto certero me avise de que va a hacerme el gran favor de hacer uso del matrimonio, señal que acato de inmediato, yendo a buscar mi camisón decentísimo con agujerito...
Tras esos diez minutos, me pongo el despertador, para a la hora o así, irme a poner los rulitos y las mascarillas varias... y por supuesto que me levanto media hora mínimo antes que él: para quitarme tales armas de belleza varias (de las que él debe disfrutar tan sólo de sus efectos, no de su existencia) y preparar un buen desayuno para el hombre de la casa, faltaría más.
La verdad es que en la vida hemos discutido, y todo lo que dice él, va a misa, como no. Pero no sé... quizás sea una egoísta, pero siento que me falta algo. No acabo de dilucidar si ese algo es para alcanzar mi perfección como esposa y madre, o se trata de alguna carencia que me causa cierto desasosiego.
En fin, querida, de hallar la respuesta, te lo haré saber.
Según me ha contado mi padre, mi abuela llegó a encontrar una respuesta a su duda. Un día, tras cohabitar con su marido, mi abuelo, con el picardías de Paristurno recordó que había quedado un tenedor sin fregar y fué a la cocina, si no, no podría dormir. Allí unos robustos brazos rodearon su cintura y mi abuela se estremeció de placer. Era un ladrón el que al ver a mi abuela tan apetecible con aquel ligero atuendo decidió hacerla suya, no sin contar antes con el beneplácito de ella, que tumbada sobre la mesa donde todas las mañanas desayunaban en familia, se dejó hacer, incluso hizo, sin acordarse de que existía una lista de la compra pendiente de confeccionar.
Mi abuela que no era tan tonta como parecía, se lió la manta a la cabeza, mandó a mi abuelo a hacer gárgaras y se largó con su caco, convirtiéndose en una pareja de ladrones tan famosa, que hasta aquí en la Tierra hicieron una peli basada en sus andanzas (eso sí, la Bonnie salía con el pelo amarillo y no verde). Cada vez que le tocaban los niños, me cuenta mi padre, se lo pasaban pipa asaltando naves espaciales. Así, que no sé de que se extrañan de como he salido yo con semejantes ascendentes, ainsss...
miércoles 3 de septiembre de 2008
Comandantes de caminos
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Caminos...
caminos que corren tan paralelos a los nuestros que hasta podríamos ir de la mano. Otros caminos cruzan perpendiculares y durante esos segundos nos dejan sus huellas, que no por ello se desvanecen primero. Caminos que de pronto toman otros derroteros y a los que no podemos evitar recordar con añoranza. A veces, la vida, vuelve a cruzarnos con ellos. Otras... sólo son un recuerdo, más o menos grato. Miles de caminos, encrucijadas varias... ¿qué nos hizo en cada instante escoger uno y no otro? Ahora ya no importa, pero gracias, Rammsés, por cruzarte en el mío y seguir ahí, cada día. Gracias por compartir con nosotros tus bellos escritos, por revolver nuestro interior y emocionarnos con cada uno, por tu sensibilidad y por saber ver más allá siempre. Por eso, y por mucho más que los dos sabemos...
Feliz cumpleaños, querido amigo.
Te deseo lo mejor, lo sabes, berebere.
Un beso de tu chamana.
domingo 31 de agosto de 2008
Cuéntame...
* Reanudo el camino de nuevo,
sábado 2 de agosto de 2008
La pausa es una parte del camino
Ciudad de los viajes, de Bett
*
Necesito desconectar. La verdad es que el reino está bastante tranquilito, así que es el momento de descansar no sólo el cuerpo, sino lo que hay dentro de esta cabeza de pelos verdes (no es que haya mucho, pero lo poco que hay, mejor mantenerlo en buena forma). Así que me voy con mi reino a otra parte. Primero al Jardín del Olvido, con Emmanuel, mi Peter Pan particular,
*
*
a bailar bossanovas con Rammsés, mi berebere querido...
Feliz cumpleaños a todos ellos, no sé si llegaré para celebrar el aniversario del blog, y de paso darles un tirón de orejas a los cumpleañeros, así que por si acaso, lo dicho.
A los demás, un besuco...
"Lo importante no es el fin del camino, sino el camino.
Quien viaja demasiado aprisa se pierde la esencia del viaje".
Una cita para pensar:
como la riqueza más grande, es desdichado
aunque sea dueño del mundo"
(Epicuro, filósofo griego, 341-270 a.C.)
Camino con orden:
- Compañeros de camino (12)
- Cuentos de una caminante (41)
- El camino con humor (33)
- Felicitaciones (13)
- Inclasificable (9)
- Mi camino personal (23)
- Música en mi camino (4)
- Placeres del camino (3)
- Premios del camino (2)
- Reflexiones en el camino (20)
- Se cruzaron en mi camino (3)
Para superar las dificultades:
Jorge Bucay
El hombre se descubre cuando se mide con un obstáculo.
A. de Saint-Exupéry
Las cosas dulces de la vida superan a las amargas.
Lao Tse
Las ideas son frutos exquisitos de las crisis.
Andrés Neuman
Datos personales
Cosas que me gustan
- abrazar al sauce del jardín
- achuchar a mi Lulu
- bailar
- caminar descalza sobre la hierba
- caminar por la orilla del mar
- cantar a grito pelado mientras conduzco
- cenar en el jardín, una noche de luna
- chatear con mi amiga la chicharrera
- coleccionar figuras de buhos
- contar cuentos a los niños
- contemplar a los corderitos desde la cocina
- cuidar de mis flores
- dar de comer a mis gatos nada más levantarme
- el flan de queso de La Ermita
- el gazpacho
- el mes de mayo
- el olor de la hierba recién cortada
- el olor de la mimosa
- el olor de los eucaliptus
- el olor de Magic, de Celine, crema para el cuerpo
- el vinagre (je,je)
- encender bastoncillos de incienso por mi casa
- encontrar en el buzón una postal
- encontrar en mi buzón de c.e. mensajes de mi gente
- encontrar un billete, aunque sea de 5 euros, olvidado en una prenda de la temporada pasada (me pasó con uno de 100, jeje, que ilusión hace, sobre todo si te hace falta en ese momento)
- escribir
- escuchar a quien me habla
- ese chicle de fresa y lima...
- hablar de nuestros baches con G...
- juegos de naipes
- la columna de A.P.Reverte en El semanal
- la danza del vientre
- la empanada de hojaldre de una de mis tias (bajo la supervisión de mi abuela)
- la Fistra ronroneando en mi regazo
- la mirada de las personas
- la música de los 80
- la pintura naif
- la revista Yoga Journal
- la voz de mi madre
- las citas. Por ejemplo esta de Rabindranath Tagore:"De cualquier modo que se llame tu espina, acéptala; es compañera de la rosa."
- las conversaciones que se traen mis enanos, cuando se piensan que no les escucho
- las fotos antiguas
- las mañanas del 6 de enero
- las pelis que me hacen llorar o reir
- los animales
- los niños
- los problemas a pares
- meditar al aire libre
- mi asana favorita: la vela o apoyo sobre hombros
- mi café de las 4
- mi casa cuando está limpia y ordenada
- mis ojos
- mmmmm...imaginación al poder
- París
- ponerme en la cola del supermercado más rápida (y acertar)
- que algo que haga o diga pueda ayudar a alguien
- que me den un buen abrazo
- que mi burro rebuzne con pena (supongo) cada vez que me voy
- Que todavía las personas me sorprendan para bien
- regalar o que me regalen plantas o libros
- sentarme frente al fuego de la chimenea
- sentarme por la noche en el porche de mi casa
- series como Friends, Anatomía de Grey, Cinco hermanos, House, Kyle XY
- soñar despierta
- sumar todos las cifras de un número (en matrículas, billetes de lotería, etc.)
- tener ataques de risa
- un cd que tengo de gregoriano
- una tarde en un circuito de piscina y saunas
- ver llover desde mi rincón favorito
Haciendo camino y The Hope by
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